Mis inicios con los ponies
Un flechazo en Santillana del Mar
Tenía solo seis años cuando mi madre me llevó a montar en pony por primera vez. Era un día soleado en Santillana del Mar, y aquellos pequeños y peludos equinos me cautivaron al instante. No se qué fue exactamente, pero al bajarme del ponie yo no era la misma niña, ahora solo quería pasar tiempo con caballos.
Al volver a casa, solo tenía una cosa en mente: volver a montar a caballo. Insistí a mi madre durante todo el verano, y finalmente, accedió a apuntarme a clases de equitación.
Húmera: mi segundo hogar
Con ocho años, comencé mis clases en una hípica de Húmera, en Madrid. Desde el primer momento, me sentí como pez en el agua. Cada pony se convirtió en mi confidente, en mi compañero de aventuras, en mi amigo incondicional.
Sábados, domingos, tardes libres... Cualquier momento era bueno para estar con caballos. Cepillarlos, acariciarlos, prepararlos... No importaba la actividad, solo importaba disfrutar de su compañía.
Un amor que solo ha crecido
Aquel flechazo inicial en Santillana del Mar se convirtió en una pasión que me ha acompañado a lo largo de mi vida. Los caballos me han enseñado valores como la responsabilidad, la paciencia, la disciplina y el respeto. Me han brindado momentos inolvidables y me han regalado una amistad incondicional.
Aquí, en este espacio, quiero hablaros de caballos, de doma, de etología, de bienestar animal, de entrenamiento... En definitiva, quiero compartir con vosotros todo lo que sé y todo lo que sigo aprendiendo sobre este maravilloso mundo que me cautivó desde el primer momento.
¿Te unes a mi aventura?
Claudia