Cuídate con el mismo cariño que tratas a tu caballo

Respeta tus emociones para ser la mejor versión para tu caballo
Cuando trabajamos con nuestros caballos, muchas veces ponemos todo nuestro enfoque en ellos: su bienestar, sus emociones, sus necesidades. Pero, ¿qué pasa con nuestras propias emociones? Para muchas mujeres que tienen caballos, las emociones como el miedo, el agobio o la frustración se convierten en compañeras constantes que poco a poco desgastan la relación con su caballo y también con ellas mismas.
El miedo y el agobio son los primeros síntomas
Es común que, al trabajar con caballos que han sufrido abusos o que muestran comportamientos complicados como la agresividad o la desconfianza, las tutoras se enfrenten a emociones muy intensas. Muchas de ellas llegan a mí sintiendo miedo hacia sus caballos, un miedo que les paraliza y les hace dudar de sus capacidades.
En muchos casos, este miedo viene acompañado de un profundo agobio. Las tutoras se sienten responsables de "arreglar" a sus caballos y cumplir con las expectativas que se han impuesto o que creen que otros esperan de ellas. Este agobio crece porque no saben por dónde empezar o porque sienten que, hagan lo que hagan, no logran avanzar. Y cuanto más nerviosas o inseguras están ellas, más reactivos o desconfiados se vuelven sus caballos, alimentando un círculo vicioso que parece no tener fin.
Las consecuencias de ignorar nuestras emociones
Cuando estas emociones no se reconocen ni se gestionan, las consecuencias no tardan en aparecer. Muchas mujeres empiezan a:
- Forzarse a actuar a pesar del miedo: A veces, sienten que deben "hacerlo de todas formas", ignorando su propia seguridad emocional y física.
- Perder la alegría de montar y estar con su caballo: Lo que antes era un momento de disfrute se convierte en una fuente de tensión y ansiedad.
- Desconectarse emocionalmente de su caballo: El miedo y el agobio actúan como una barrera que dificulta la comunicación y la conexión con su caballo.
- Incrementar el círculo de reacciones negativas: Cuanto más nerviosa está la tutora, más se refleja esa tensión en el caballo, que responde con conductas reactivas o defensivas.
Con el tiempo, esta situación puede llevar a que las tutoras se sientan fracasadas, culpables o incluso a que consideren dejar de trabajar con su caballo porque sienten que "no valen" o "no están hechas para esto".
La solución: cuidarte para cuidar
Es importante recordar que el camino hacia una mejor relación con tu caballo comienza contigo. Tus emociones son igual de importantes que las de tu caballo, y respetarlas es el primer paso para construir una conexión sólida y saludable.
- Escúchate: Reconoce cómo te sientes. Si tienes miedo, está bien admitirlo. Si te sientes agobiada, déjate un momento para respirar y reflexionar.
- Respétate: No te fuerces a hacer cosas que te generen inseguridad. Prioriza siempre tu seguridad física y emocional.
- Cuídate: Dedica tiempo a recargar tus energías, tanto físicas como mentales. Esto no solo te ayudará a sentirte mejor, sino que también permitirá que tu caballo perciba una versión más tranquila y centrada de ti.
- Busca ayuda: No tienes que hacerlo todo sola. Si sientes que no sabes por dónde empezar o que no estás logrando avanzar, pide apoyo. Trabajar con un profesional puede marcar la diferencia en tu relación con tu caballo.
Sanar la relación con tu caballo no es un proceso lineal ni rápido, pero es un camino lleno de aprendizaje. Cuando te das permiso para cuidar de ti misma, no solo te conviertes en una mejor versión para tu caballo, sino también para ti misma.
Recuerda: el vínculo con tu caballo no está roto; solo necesita tiempo, paciencia y un enfoque basado en el respeto mutuo. Y ese respeto empieza por cómo te tratas a ti misma. ¡Tú también importas!