Hoy escribo desde la frustración. Este artículo nace casi como un brote de sinceridad, inspirado por la experiencia, el cansancio y la necesidad de decir "basta".
Hace unos días me acusaron de tener a mi caballo consentido y me soltaron la clásica frase de que a veces "humanizamos a los caballos". No me sorprende; no es la primera vez que lo escucho.
Hay personas que, al ver que hago las cosas de manera diferente, etiquetan mi forma de educar al caballo como "demasiado permisiva". Y lo hacen aunque me conozcan de menos de media hora y me hayan visto manejar al animal tres minutos. Juzgan sin que nadie les pida opinión, y reconozco que molesta.
Pero este episodio recurrente me ha hecho reflexionar: ¿De verdad estaremos humanizando a nuestros caballos? Vamos a darle una oportunidad a este argumento, a analizarlo y a desgranarlo.
Humanizar (así, sin buscar en Google) nos suena a imputar necesidades o emociones humanas a algo que no lo es. En el ámbito académico y de la etología equina, el término correcto es antropomorfización animal. Y como me gusta apoyarme en el rigor de la literatura científica, vamos a ver qué dice la ciencia sobre esto.
Existe una narrativa recurrente en el mundo ecuestre que culpa a la «humanización» de los problemas de comportamiento actuales. Si tu caballo no te obedece a la primera, es un consentido, lo estás humanizando.
Sin embargo, la ciencia sugiere exactamente lo contrario. Un estudio reciente de Watney et al. (2024), publicado en el Journal of Applied Animal Welfare Science, cuantificó la brecha de conocimiento de los propietarios mediante evaluaciones basadas en los Cinco Dominios del Bienestar Animal.
Los resultados: existe una incapacidad sistémica para reconocer necesidades biológicas fundamentales, especialmente en el ámbito de la teoría del aprendizaje y el reconocimiento del dolor. Según estos hallazgos, una parte significativa de los cuidadores no posee la base técnica necesaria para identificar cuándo un caballo está sufriendo o simplemente procesando un estímulo. Es decir, que no sabemos leer a nuestros caballos.
Para humanizar (es decir, proyectar rasgos humanos sobre un animal), primero deberíamos ser capaces de distinguir dónde termina la etología del caballo y dónde empieza nuestro sesgo.
La ciencia de la equitación (Equitation Science) ha demostrado que lo que comúnmente etiquetamos como «desobediencia» o «falta de respeto» son en realidad comportamientos de conflicto. Estos derivan de una respuesta fisiológica al estrés, medible mediante niveles de cortisol y frecuencia cardíaca.
El problema real no es que tratemos a los caballos "demasiado bien" bajo estándares humanos; es que los sometemos a un antropomorfismo crítico. Les asignamos intencionalidad moral (maldad, rebeldía, cálculo) a respuestas que son puramente biológicas. Como sostienen las investigaciones sobre el bienestar del caballo, el propietario promedio suele priorizar la comodidad logística humana sobre el bienestar del équido.
Por lo tanto, antes de denunciar la "humanización" de quienes educan en positivo, debemos reconocer que no podemos trascender la biología de una especie que, según los datos, la mayoría de la gente aún no ha aprendido a leer.
Hablando claro, no podemos decir que humanizamos a los caballo si no sabemos cuales son las necesidades que tienen.
Teniendo en cuenta la base biológica y etológica, veamos qué prácticas están normalizadas pero son, irónicamente, la verdadera humanización:
Estabulación constante: Meter a los caballos en cuadras es humanizarlos. Los caballos necesitan vivir sueltos y en manada, pero los encerramos por nuestra comodidad logística.
Dietas inadecuadas: Dar cereales como base de la alimentación, en vez de proveer fibra variada continua. Lo hacemos porque dar "dos cazos al día" es rápido para el humano, ignorando su sistema digestivo.
Deporte de alto rendimiento humano: Exigirles ejercicios antinaturales. (Si alguien ha visto a un caballo salvaje hacer una línea de centro, una pirueta, un passage y quedarse parado cuadrado perfecto, que me avise, que quiero verlo).
Estética humana: Esquilarlos por sistema, bañarlos con champús o hacerles trenzas para que luzcan bonitos.
Atribución de emociones complejas: Decir que son irrespetuosos, rencorosos o que "maquinan" decisiones en tu contra es una grandísima proyección de la psicología humana.
¿Entonces, quién humaniza a quién? Y ojo, que con esto no demonizo hacer trenzas, buscar hacer ejercicios complejos o dar pienso, son ejemplos de como hemos adaptado al caballo a lo que nos viene bien, por estética, por deporte o por comodidad.
Nos ponemos a cuestionar si es correcto entrenar a un caballo con refuerzo positivo (premios) o favorecer una comunicación bidireccional, pero no ponemos en tela de juicio el uso de fustazos, tirones de ramal o castigos sistemáticos en el manejo diario.
Parece que lo que algunos desean es que el caballo diga que sí a todo, y además llamar a esa sumisión "bienestar". Pero un caballo en verdadero bienestar tiene la capacidad de decir no. Y lo hermoso de darles a elegir es que, cuando finalmente te eligen y colaboran, lo hacen porque quieren, no por indefensión aprendida o para evitar las represaliasRenovarse o estancarse: El futuro del entrenamiento equino.
El mundo de la equitación adopta rápidamente las "moderneces" que hacen la vida humana más cómoda:
Cascos con tecnología avanzada.
Chalecos airbag para caídas.
Pantalones con agarre de silicona.
Pues bien, lo bonito de las innovaciones es que vienen para quedarse. Entrenar usando las teorías del aprendizaje y el entrenamiento equino en positivo (al igual que se hace con éxito en otras especies) ha llegado para quedarse. No pide permiso, simplemente entra y se sienta en la mesa.
La pregunta ya no es si hay que integrar o no estos métodos respetuosos. La pregunta es si vas a elegir quedarte atrás y ver cómo la gente deja de contratarte o de llevar sus caballos a tu hípica, o si vas a abrir tu mente, usar el juicio crítico e integrar el nuevo conocimiento científico desplazando prácticas obsoletas.
Yo tengo claro mi camino. A veces, cuando veo que me critican sin siquiera conocerme, pienso que algún día llegará alguien más joven, quizás con menos experiencia pero con mejor información que yo. Y no quiero reaccionar a la defensiva. Quiero escuchar, abrir mi mente, abrazar la reinvención y seguir formándome, por muy cansado que sea el día a día y de pereza deshacerse de las creencias que me funcionan.
Y a ti, que no eres profesional de la equitación, que tienes un caballo al que adoras y te han hecho estos mismos comentarios despectivos:
Lo primero, te entiendo; sé que duele y te genera inseguridad. Lo segundo, irónicamente, si te dicen eso significa que algo estás haciendo muy bien. Y lo tercero: no estás sola. Somos muchas, cada vez más, y nos vamos a unir a la fiesta, quieran o no, porque tenemos todo el derecho a disfrutar de nuestros caballos desde el respeto.
Recuerda siempre esto:
Querer educar a tu caballo sin usar la fuerza no es humanizarlo.
Querer tenerlo suelto con el resto de caballos no es humanizarlo.
Querer cubrir sus necesidades biológicas y etológicas es lo opuesto a humanizarlo.
Así que, el próximo que me diga que humanizo a mi caballo, simplemente le diré que tenemos conceptos muy distintos de lo que significa la humanidad.
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