Pepote es un pony Shetland de apenas dos años que, a pesar de su tamaño, había empezado a generar una gran preocupación en su día a día. Mordía, coceaba y reaccionaba con agresividad incluso ante gestos simples como ponerle una pipeta o acercarse a tocarlo. Su tutora, Marina, empezó a tener miedo de él. Y es que, cuando un caballo expresa su incomodidad con tanta intensidad, es fácil sentirse sobrepasada.
Nos contactó buscando ayuda porque el manejo diario se había vuelto complicado, y además, era urgente poder atender a Pepote médicamente. Necesitaba ser castrado, pero ni siquiera se le podían hacer controles veterinarios básicos sin riesgo.
Lo primero que vimos fue un dato importante: Pepote sufre de una alergia cutánea que probablemente le genera un picor constante. Imagina convivir con una picazón que no se va, mientras otros se te acercan, te tocan y no entiendes por qué lo hacen. Pepote no sabía otra forma de comunicarlo más que a través de la defensa.
Además, es común que ponis como los Shetland se sientan invadidos con facilidad. Por su tamaño, muchas veces los humanos se acercan con menos cuidado del que tendrían con un caballo grande. Esto puede provocar que desarrollen una conducta más reactiva, como ocurrió con Pepote.
Empezamos por enseñarle a Pepote que podía alejarse si algo no le gustaba. Que la huida —natural en los caballos— era una opción antes de recurrir a la agresión. También trabajamos la quietud, la cercanía sin presión, y el contacto físico breve y amable. Siempre con refuerzos positivos: voz suave, caricias, premios y mucho respeto por su espacio.
Dividimos los ejercicios en sesiones de no más de 20 minutos y terminábamos con juego libre para ayudarle a liberar energía y bajar peso (otro de los retos que identificamos). Además, introdujimos herramientas como un palo con esponja para acostumbrarlo a las curas médicas sin miedo.
Marina fue parte activa del proceso desde el primer día. Con compromiso, paciencia y amor, empezó a leer mejor las señales de Pepote. A proteger su espacio sin imponerse. A recompensar no solo lo que “necesitaba que hiciera”, sino todo lo que él podía ofrecerle desde la calma.
Pepote con las últimas tendencias en mantas equinas
Hoy Pepote ya permite aproximaciones sin morder ni cocear. Puede pasear con Marina, empieza a aceptar las curas con mayor tranquilidad y, lo más importante, su tutora ha recuperado la confianza. Ahora caminan juntos, literalmente y emocionalmente, en la misma dirección.
A veces, lo que parece un “problema de conducta” es solo una llamada desesperada de nuestros caballos para ser comprendidos. Detrás de cada mordisco o cada huida, suele haber un “no me siento seguro”. En EQUA creemos que entender esto no solo mejora la convivencia, sino que transforma la relación por completo.
Si tú también sientes que algo se ha roto entre tú y tu caballo, si hay miedo, frustración o simplemente una desconexión que no sabes cómo resolver… estoy aquí para ayudarte.
Suscríbete ahora.
No te pierdas lo que tu caballo quiere que sepas