Cuando cambias tú, cambian ellos

Dos caballos. Dos historias. Y una misma lección: la verdadera transformación empieza en uno mismo.

Os voy a contar un pedacito de mi historia.

Tengo dos caballos, los dos árabes… y, sin embargo, completamente distintos.

Salawi es una yegua que vivió en libertad, en manada, durante toda su vida hasta hace apenas tres años. Yo la compré hace dos, ya montada, “de confianza”, como solemos decir.

Ocerkha llegó después. Es un caballo de raid, acostumbrado a competir, a hacer, a responder. Lleva conmigo un año.

Hoy ambos viven en manada, sueltos, con otros compañeros, en un lugar donde los cuidan con respeto y cariño. Y yo… yo cumplo un sueño que llevaba años esperando: compartir mi vida con un caballo. Bueno, en realidad con dos (cosas que pasan… 😄).

Montaba de niña, y hace seis años decidí volver. Me gusta montar, salir al campo, galopar… sentir esa libertad. Pero con el tiempo empecé a sentir que quería algo más. Quería entenderlos. Quería escuchar lo que tenían que decir.

Y entonces llegaron las preguntas.

Salawi, en el prado, simplemente se iba. Galopaba con los demás, hacía “su vida”… y yo sentía que no tenía nada interesante que ofrecerle. ¿Cómo competir con una vida en libertad? ¿Cómo pedirle que me eligiera?

Ocerkha, en cambio, era lo opuesto. Siempre disponible. Siempre haciendo. Siempre intentando agradar. Como si no supiera parar. Como si el descanso no fuera una opción. Me recordaba a un border collie hiperactivo: hacer, agradar, hacer, agradar… sin fin.

Dos extremos. Y yo en medio, sin saber muy bien cómo encontrar el equilibrio.

Por eso acudí a Claudia. Con ella empezamos a trabajar… pero no solo con ellos. Sobre todo, conmigo.

Con Salawi aprendí a construir confianza, a no imponer, a empezar a ser alguien interesante también para ella. Con Ocerkha aprendí a bajar el ritmo, a darle permiso para no hacer, para simplemente estar.

Y poco a poco entendí algo que lo cambió todo: no eran tan diferentes. Solo habían vivido cosas distintas. Salawi sabe de calma. Ocerkha sabe de activación.

Y yo… yo tenía que aprender de ambos.

Porque el verdadero punto de unión entre los dos soy yo.

Cuando yo soy clara, cuando sé lo que quiero, cuando confío… entonces puedo guiarles. A veces hacia la acción, otras hacia la pausa. A veces hacia la exigencia, otras hacia el “no pasa nada, explora, estoy aquí”. Y ahí es donde todo empieza a tener sentido.

Si tengo que ser sincera, la que más ha cambiado en todo este proceso he sido yo. Ellos aprenden rápido. Mucho más que nosotros.

Yo he tenido que aprender a escuchar, a observar, a afinar mi mirada. A entender ese lenguaje tan sutil que tienen… antes de que tengan que subir el volumen para hacerse oír.

Y el punto fuerte de todo esto es que he descubierto algo que, en realidad, siempre había estado dentro de mí, como un susurro… pero que ahora se ha convertido en una convicción profunda. Una manera de estar con ellos: escucharles de verdad, sentirlos, tenerlos en cuenta… pero sin desaparecer yo. Estando presente, clara y coherente en lo que les pido, sosteniendo ese equilibrio entre comprender y guiar.

He ganado confianza. En ellos, y en mí.

Y aunque sea yo quien escriba estas palabras, sé perfectamente que si pudieran hacerlo, serían Salawi y Ocerkha quienes darían las gracias a Claudia.

Porque esto no va de enseñarles a ellos.

Va de aprender nosotros.

Y esto no es el final… es el principio

Como toda relación de verdad, esto no se “consigue” y ya está.

Se cuida.

Se escucha.

Se construye cada día.

Y quizás ahí está la parte más bonita de todo:

que siempre hay algo más que aprender, algo más que entender… y un vínculo que puede seguir creciendo.

COMPARTE

Suscríbete ahora.

No te pierdas lo que tu caballo quiere que sepas

NOSOTROS

Queremos ayudarte a entender a tu caballo para que juntos podáis construir una relación más segura, ética y feliz.